
La piel, ese querido envoltorio que nos protege de los agentes que podrían atacar nuestro cuerpo, está activa, trabajando para nosotros todo el tiempo. Pero cuando algo anda mal, nos resulta difícil darla por sentada: se hace notar y se muestra seca, o demasiado grasa, o muy sensible y sin luminosidad, o hasta con desagradables granitos.
La piel sensible
Ya sea porque está demasiado seca o demasiado grasa, la piel puede volverse sensible. La lluvia, el frío, el aire, causan una sensibilidad especial a esta piel que, llegado el momento, siquiera soportará los tratamientos que la cosmética y la medicina estética proponen para mejorarla. Por eso, ante los primeros signos de sensibilidad, debemos tratar nuestra piel con extremo cuidado, utilizando productos suaves y en lo posible naturales para limpiarla, tonificarla e hidratarla.
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